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Leer más en un año: lo que me funcionó (y lo que no)

Pasé de dos libros por año a veinte sin proponérmelo como meta. El secreto estuvo en cambiar el entorno, no la fuerza de voluntad.

Libro abierto y taza de café sobre una manta tejida con luces

Siempre me gustó leer, pero no leía. Entre el trabajo, el celular y el cansancio, los libros se acumulaban en la mesa de luz. Este año cambió, y no por fuerza de voluntad.

Lo que funcionó

  • Un libro siempre a mano. En la cartera, en la mesa del living, junto a la cama.
  • Leer antes de dormir, sin pantalla. Dejé el celular cargando fuera del dormitorio.
  • Abandonar sin culpa. Si un libro no me atrapa en 50 páginas, lo dejo.
  • Alternar géneros. Una novela, un ensayo, un libro corto. El cambio mantiene el interés.
  • Un club de lectura chico. Tres amigas, un libro por mes y una merienda para comentarlo.

Lo que no funcionó

  • Las metas numéricas. Me hacían elegir libros cortos para llegar al número.
  • Leer en el celular. Siempre terminaba en otra aplicación.
  • Querer leer todo lo recomendado. Las listas infinitas generan más ansiedad que ganas.

Tres libros para empezar

Elegí uno que te dé curiosidad, uno que alguien querido haya leído y uno que no sea de tu género habitual. Empezá por el más corto.

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