Siempre me gustó leer, pero no leía. Entre el trabajo, el celular y el cansancio, los libros se acumulaban en la mesa de luz. Este año cambió, y no por fuerza de voluntad.
Lo que funcionó
- Un libro siempre a mano. En la cartera, en la mesa del living, junto a la cama.
- Leer antes de dormir, sin pantalla. Dejé el celular cargando fuera del dormitorio.
- Abandonar sin culpa. Si un libro no me atrapa en 50 páginas, lo dejo.
- Alternar géneros. Una novela, un ensayo, un libro corto. El cambio mantiene el interés.
- Un club de lectura chico. Tres amigas, un libro por mes y una merienda para comentarlo.
Lo que no funcionó
- Las metas numéricas. Me hacían elegir libros cortos para llegar al número.
- Leer en el celular. Siempre terminaba en otra aplicación.
- Querer leer todo lo recomendado. Las listas infinitas generan más ansiedad que ganas.
Tres libros para empezar
Elegí uno que te dé curiosidad, uno que alguien querido haya leído y uno que no sea de tu género habitual. Empezá por el más corto.
